• UNAMUNO, Miguel de: Cartas del destierro: Entre el odio

y el amor (1924-1930); edición de Colette y Jean-Claude

Rabaté. 1ª ed. Salamanca: Ediciones de la Universidad

de Salamanca, 2012. (Biblioteca Unamuno; 39).

EN UNA CARTA DE 1926 A SU AMIGO Y TRADUCTOR FRANCÉS

Jean Cassou, Miguel de Unamuno no vacila en escribir

«¿qué son todas mis cartas sino autobiográficas?», y bien es

verdad que las que escribe durante los casi seis años de su

destierro no pueden sino darle la razón. Las trescientas y

tantas cartas recopiladas en este libro cubren los años de

ausencia de España (febrero de 1924 - febrero de 1930).

Entre ellas, unas 130 —esencialmente destinadas a la familia—

son inéditas y nos permiten descubrir semana tras

semana las ocupaciones, meditaciones y divagaciones de un

ser en lucha perpetua contra la dictadura, objeto de su odio

inextinguible. Sus juicios e improperios más violentos se

dirigen al «trío infernal» compuesto por el rey Alfonso

XIII, por «Miguelito» Primo de Rivera, alias El Ganso Real y

por el más aborrecido, el general Severiano Martínez

Anido, llamado El Cerdo Epiléptico. En cuanto a las cartas a

los familiares y amigos ilustran los momentos de exaltación

o de abatimiento de un hombre que muy pronto se autoexilia

a pesar de su amor a los suyos y a su patria. Finalmente,

este epistolario viene a ser, según las propias palabras de

Miguel de Unamuno el grito de un hombre «anhelante de

desesperanzada esperanza, de fe hecha de dudas, de amor

fraguado con aborrecimiento».

Los cuatro meses de confinamiento en Fuerteventura

—paréntesis feliz a pesar del aislamiento—, traducen el des-

121

C COLETTE Y JEAN-CLAUDE RABATÉ

Universidad “François Rabelais”de Tours

y Universidad de la Sorbona Nueva-París III

artas del destierro

de Miguel de Unamuno

Cubierta de

Cartas del destierro: Entre el

odio y el amor (1924-1930).

cubrimiento fascinante del mar, del sol, el contacto con la

naturaleza y unos habitantes acogedores que dejan una

impronta indeleble en la mente del desterrado. En cambio,

la estancia de más o menos un año en París, una capital que

le causa casi tanta repulsión como el Madrid de sus años de

estudiante, es una especie de forja para afianzar la fama

internacional del escritor, empeñado en dar a conocer su

obra por las traducciones y en encontrar otras formas de

escritura. Además, en medio de las brumas parisienses,

Miguel de Unamuno aúna creación literaria y lucha política

en compañía de algunos amigos del «Comité Revolucionario

de París» y participa activamente en la creación de

España con Honra, órgano exterior de la resistencia a la dictatura.

En fin, durante los largos años pasados en Hendaya

—más de cuatro— a dos pasos del Jaizquibel y de su País

Vasco natal, el desterrado se obliga a una autocensura constante,

para no tener que soportar la de unos militares «tontos

», colabora en otro diario de resistencia —Hojas Libres—

y vierte tanto a sus cartas como a sus poemas su rebeldía,

su desesperanza. Sigue presente el odio al Directorio, a los

militares enemigos de la inteligencia, a unos españoles que

doblan la cerviz; pero de pronto se resquebraja la corteza

y descubrimos a un hombre sensible, atento a su familia,

trastornado por las alegrías y los dramas familiares.

Al fin y al cabo, estas cartas del destierro son auténticos

documentos históricos pues, por la multiplicidad de los

corresponsales españoles como extranjeros (más de un

centenar), dejan constancia de la situación política turbada

del país, marcado por el conflicto de Marruecos. Constituyen

una aportación valiosa para los que quieran conocer

mejor las vivencias de un intelectual de la Edad de Plata

comprometido en una lucha a diario con una circunstancia

histórica precisa: la Dictadura del general Miguel

Primo de Rivera.

Aunque resulta difícil hacer una selección para ilustrar

estos seis años de destierro tan dolorosos como fecundos,

proponemos en este libro varias cartas o fragmentos significativos.

122

Fotografía de

Don Miguel de Unamuno.